Memorias de un lugar cercano

Pudiera comenzar con un ¡erase una vez! Pero al contrario de esto diré: sigue siéndolo…

Mi abuela entro y sentí que el alma se iluminaba igual como lo hacia aquel fogón de leña que yacía a mis espaldas, ¿mijito como me le va?, respondí con voz temblorosa muy bien emita ¿y usted como sigue?, era una pregunta estúpida, ella había salido quince días antes de una operación que aun me pregunto cómo pudo soportarla con 87 años, regular mijo los años no pasan en vano…

Allí comenzaría la historia de un lugar que aprendí a apreciar con el pasar del tiempo ¡lástima! Pero el ser humano es así, pero afortunadamente la vida nos regala muchas oportunidades para resarcir estos sinsabores…

Corrían las 6 de la tarde, la abuela había mandado a traer ramas de eucalipto seco para avivar la llama de aquel fogón, que aunque estaba situado en una cocina moderna (por los caprichos sociales) no dejaba de ser una cocina de finca, cargada de recuerdos al igual que mi abuela…

Había extrañado mucho aquel olor de humo sobre mi chaqueta lacoste (mi abuela no sabe de ese cocodrilo y es más creo que ni le interesa), y por eso estaba tan feliz de volver a aquel lugar en donde pase mis primeros 7 años de vida, este lugar está situado en las afueras de pasto, a decir verdad a 80 km u hora y media por vía panamericana, la casa se sitúa a 200 metros del cañón del guáitara posee un clima templado entre 18 y 22 ° C y es sitio equidistante entre la antigua vía al santuario de las lajas , Ipiales y los municipios circundantes, no hay guerrilla ni paramilitarismo, el único riesgo que corre es el de enamorarse de este lujar y sembrar raíces , el canto de las aves lo despiertan al alba , el desayuno se lo sirven con un leve aroma a pasto húmedo , el duchazo despertador se lo dan las aguas nacidas de manantial, no existe televisión ,ni conexión WI-fi, ni bluetooth, solo es usted y el olor a campo ;allá usted puede ver los sembradores de papa, zanahoria, maíz, cebada, trigo, tomate , uchuva ,etc en su mayor esplendor; se puede regocijar , jugar angelitos en el pasto , cantar, gritar y que el eco de la vida le devuelva lo que usted le ofrece, toda la gente lo saluda aun sin saber quién es usted y que hace por esos lados , ellos simplemente levantan el sombrero y le dicen: ¡opa amigo!, a lo que usted contesta con una exclamación igual…

Allá crecí, y allá volveré , o mejor dicho volví, no les estoy hablando de un lugar paradisiaco , ni de un spa al mejor estilo de Cartagena , solo les estoy hablando del que para mí es el mejor vividero de Colombia, aquel lugar que lo siento propio, aquel pedazo de tierra que me vio crecer , en el cual pase los mejores momentos de la vida, mientras aprendía que el valor de la felicidad y de vivir no está en los lujos ni en las comodidades, si no en la certeza de sentirse tranquilo y en paz con uno mismo y en la grandeza de tener a una abuela que pese a sus quebrantos aun prepara el mejor sancocho de leña del mundo y regala el beso mas amoroso de la vida…

Julio c

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